S La Sal pudiera ser un factor de riesgo para enfermedades autoinmunes como la esclerosis multriple

Dos trabajos publicados en Nature demuestran en ratones que la sal favorece la formación de células que destruyen la mielina. Un tercero sugiere nuevas dianas terapéuticas

La sal es un condimento indispensable en la cocina y también esencial para la vida. Pero un exceso, además de provocar hipertensión, podría estar detrás del incremento de enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple o la diabetes tipo I, registrado desde hace medio siglo. El aumento del número de casos sugiere que debe haber factores ambientales aún desconocidos que influyen en la aparición de estas patologías, al margen de las causas genéticas.

En el caso de la esclerosis múltiple, aunque su origen aún se desconoce, los factores externos que podrían aumentar el riesgo de padecerla son la latitud (o distancia al ecuador) del país de residencia, que está relacionada con la menor exposición al sol y la producción de vitamina D por el organismo, y el tabaco, que correlaciona muy bien con la mayor incidencia de esta patología entre las mujeres, ya que, a diferencia de los varones, las féminas cada vez fuman más. Se apunta también, como en otras enfermedades autoinmunes, a lo que se ha denominado la teoría del exceso de higiene, que haría que el sistema inmune atacara al propio organismo en ausencia de gérmenes patógenos contra los que luchar.

Ahora, a estos factores ambientales “clásicos” podría unirse uno más, tan cotidiano como la sal, presente en todos los hogares del planeta. Y es que la tendencia a consumir alimentos precocinados, que pueden contener hasta cien veces más sal que la que se emplea en la cocina doméstica, hace sospechar a los expertos que pueda estar relacionada con el incremento de las patologías autoinmunes. De hecho, como explica David Hafler, que lidera uno de los estudios publicados en Nature, el exceso de sal afecta al sistema inmune, como su grupo ya había demostrado anteriormente.

Ahora Hafler, de la Universidad de Yale, demuestra que los ratones alimentados con una dieta alta en sal desarrollan una forma más severa de encefalitis alérgica, un modelo experimental equivalente a la esclerosis múltiple (EM) humana que se utiliza para el estudio de esta patología en el laboratorio. La esclerosis múltiple es una enfermedad neurodegenerativa que destruye la envoltura aislante de los nervios, la mielina, y dificulta la conducción de los impulsos nerviosos provocando alteraciones de la sensibilidad, la marcha o la visión.

La relación entre la sal y esta patología esta mediada por células del sistema inmune, en concreto las denominadas, TH17, que tienen un papel crucial en el desarrollo de enfermedades autoinmunes en general y en concreto de la EM. En condiciones normales, estas células denominadas auxiliares, ayudan a combatir los microorganismos, pero en exceso producen una inflamación perjudicial para el organismo, que es la responsable de la pérdida de mielina en distintas zonas del cerebro que causan los síntomas de la esclerosis múltiple.

Aumenta las células perjudiciales

"Los autores de los trabajos publicados en Nature demuestran claramente, al menos 'in vitro', tanto en cultivos celulares como en ratones, que la sal provoca el aumento de estas células “malas” del sistema inmune implicadas en la EM, las TH17, que a su vez producen citoquinas perjudiciales”, explica Xavier Montalbán, jefe del servicio de Neuroimmunología clínica del Hospital Universitario Vall d’Hebron y director del Centro de Esclerosis Múltiple de Cataluña (Cemcat).

Dos de los artículos publicados independientemente por sendos grupos de investigación llegan a la misma conclusión, como explica el doctor Montalbán: “En un ambiente con alta concentración de sal se produce un empeoramiento de la enfermedad en ratones, y también cuando se estudian las células por separado. Los autores especulan que quizá el cambio de hábito alimentario ocurrido a nivel global, a favor de la comida rápida con exceso de sal, podía ser una de las causas que justificasen el aumento de la incidencia de esta patología”.

Montalbán aclara que de estos estudios, “muy convincentes”, no puede deducirse que la sal sea la causa de la esclerosis múltiple. “Tampoco podemos decir todavía que tomar menos sal vaya a mejorar el curso de la enfermedad. Solo podemos decir que hay indicios de que la sal tiene que ver con la gravedad de la patología”.

Estudios epidemiológicos

Como recalcan los autores de los trabajos presentados en “Nature”, aún queda por llevar a cabo estudios epidemiológicos que demuestren si las personas con EM toman más sal que aquellas que no la padecen. Y, lo que es más complejo aún, “demostrar en un ensayo clínico que la modificación del aporte de sal en la dieta produce algún cambio en la evolución de la enfermedad”, aclara Montalbán. Una pista interesante podría provenir de las personas que padecen hipertensión y están sometidas a dietas bajas en sal. En concreto, apunta, sería interesante ver si entre este colectivo el número de casos de esclerosis múltiple es menor, una forma de comprobar la hipótesis propuesta por el grupo de Hafler.

Después de estos trabajos, “se abre un periodo de reflexión y aportar ideas y aumentar el conocimiento sobre esta enfermedad. Pero de entrada son muy interesantes y abren vías completamente nuevas y de alguna forma refuerzan la hipótesis del componente ambiental de la esclerosis múltiple”, concluye Montalbán.

Nuevas dianas terapéuticas

Un tercer artículo publicado en Nature aclara el mecanismo que regula la formación de las células TH17, de importancia crucial en las enfermedades autoinmunes. Aviv Regev, investigador principal, con su grupo de la Universidad de Harvard, identifican varios puntos clave para la regulación de estas células auxiliares, que podrían convertirse en nuevas dianas terapéuticas para el desarrollo de nuevos fármacos que ayuden a combatir estas patologías autoninmunes, entre ellas la esclerosis múltiple.

Las celulas Th17 son un tipo de linfocitos T que se caracterizan por la alta producción de interleuquina17 (IL-17), que intervienen como mediador en los procesos inflamatorios, promoviendo la liberación de citoquinas que inducen inflamación y, sobre todo, reclutando neutrófilos y monocitos al foco de inflamación, explica Carmen Guaza, responsable del grupo

de Neuroinmunología del Instituto Cajal (CSIC). Según explica la doctora Guaza, hay una correlación entre los niveles de IL-17 y la presencia de placas activas de desmielinización, además de aumentar su concentración en el líquido cefalorraquídeo durante los brotes en los pacientes con EM recurrente-remitente. Por ello se las considera un tipo celular relevante en la génesis de esta patología, y se las responsabiliza de llevar a cabo el daño sobre la mielina.

La esclerosis múltiple afecta en nuestro país a unas 46.000 personas y es la segunda causa de discapacidad en adultos jóvenes, después de los accidentes de tráfico. Esta patología suele aparecer entre los 20 y los 45 y es dos veces más frecuente en mujeres que en hombres. Entre los primeros síntomas de la enfermedad destacan la alteración de la sensibilidad y de la marcha y los trastornos visuales. También son síntomas frecuentes los problemas de memoria y concentración, la pérdida de fuerza o las alteraciones urinarias. Aunque aún no se ha encontrado una cura definitiva, en los últimos años han salido al mercado diversos fármacos que reducen los brotes de la enfermedad y la discapacidad que genera.

 

 

C ¿Tiene más de 50 años de edad?

Una lista de comprobación podría predecir si estará con vida en diez años.

Aunque no es una bola de cristal, los investigadores afirman que podría ayudar a médicos y a pacientes a elegir mejores opciones

Una sencilla lista de comprobación podría ayudar a los médicos a estimar si un paciente mayor estará vivo dentro de diez años, según un estudio reciente.

Los investigadores esperan que los hallazgos, que aparecen en la edición del 6 de marzo de la revista Journal of the American Medical Association, ayuden a las personas mayores y a sus médicos a tomar mejores decisiones sobre la atención de la salud.

Actualmente, hay directrices nacionales sobre procedimientos médicos como la exploración del cáncer de colon y las mamografías para el cáncer de mana, pero ofrecen una orientación general, no individual.

La lista de comprobación podría ayudar a personalizar mejor los consejos para los pacientes mayores, señaló la investigadora líder, la Dra. Marisa Cruz.

"Tiene el objetivo de usarse en un contexto clínico, para ayudar a los médicos y a los pacientes mayores a discutir las pruebas y otras intervenciones", señaló Cruz, miembro clínico de la Facultad de Medicina de la Universidad de California, en San Francisco.

Las directrices sobre las pruebas para el cáncer y otras intervenciones varían, pero se basan en promedios. Y algunas directrices sugieren límites de edad para las pruebas, porque hay una falta de evidencia de que las pruebas beneficien a la persona promedio más allá de cierta edad.

Un ejemplo son las pruebas para el cáncer de colon. El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de EE. UU., un panel independiente que asesora al gobierno federal, afirma que para la mayoría de personas, las pruebas del cáncer de colon deben comenzar a los 50 años, y continuar solo hasta los 75. Otros grupos, como la Sociedad Estadounidense del Cáncer (American Cancer Society), no señalan un límite superior de edad, pero dicen que los médicos deben tomar en cuenta la salud general y la esperanza de vida de la persona. Para una persona mayor con una salud mala, un tratamiento agresivo o incluso una prueba de exploración podrían resultar más nocivos que beneficiosos.

Por otro lado, una persona de 75 años que goce de buena salud podría vivir muchos años más, y quizás se beneficie de las pruebas para el cáncer o de los tratamientos agresivos, como por ejemplo del control estricto de la glucemia en los diabéticos.

Cruz dijo que la lista de comprobación usada en el nuevo estudio busca ayudar a las personas mayores a obtener las pruebas o tratamientos que podrían beneficiarlas, y evitar las que resultan potencialmente nocivas.

Lo que no logra, aclaró Cruz, es dar a una persona en particular una "predicción precisa" de lo que sucederá en los próximos diez años.

Los investigadores crearon la lista usando datos de un estudio nacional de casi 20,000 personas de EE. UU. a partir de los 50 años de edad. Hallaron doce factores que, en conjunto, pueden dar una idea del riesgo de muerte de un adulto mayor en un plazo de diez años.

Éstos incluyen la edad, el sexo, el peso, el tabaquismo, y si una persona sufre de diabetes, enfermedad pulmonar, enfermedad cardiaca o limitaciones físicas como dificultades para caminar unas cuentas manzanas o mover objetos grandes.

Los médicos pueden obtener esa información usando preguntas de respuesta cerrada (sí o no), y luego asignando puntos a cada respuesta, señaló Cruz. Por ejemplo, si alguien tiene entre 60 y 64 años, se le asignaría un punto. Si tiene entre 65 y 69 años, se le asignarían dos puntos.

Las personas con una puntuación total de uno tienen, en promedio, un cinco por ciento de probabilidades de morir en los próximos diez años. Una puntuación de cinco se traduce en un 23 por ciento de probabilidades de morir en el plazo de una década, mientras que una puntuación de diez se corresponde con un riesgo del 70 por ciento.

Nada de esto es inmutable, señaló Cruz, pero el sistema de puntuación divide a las personas en unas "categorías aproximadas" de riesgo.

Tener una idea de la esperanza de vida de un paciente mayor es importante porque algunas intervenciones médicas "tardan mucho en dar beneficios", señaló el Dr. James Pascala, presidente de la Sociedad Americana de Geriatría (American Geriatric Society).

"Por ejemplo, la mayoría de pruebas del cáncer tardan de cinco a diez años en dar beneficios", comentó Pascala. En una persona mayor con pocas probabilidades de vivir tanto tiempo, los riesgos de las pruebas (como los resultados falsos positivos, las pruebas invasivas innecesarias y la ansiedad) probablemente superen a cualquier beneficio.

"Si uno atiende a pacientes mayores, es algo que siempre tiene presente", dijo Pascala. "¿Cómo será la vida que le queda al paciente?".

Ahora mismo, dijo, los médicos pueden obtener una idea buscando la esperanza de vida promedio para un paciente según la edad y el sexo, y entonces tomando en cuenta la salud general de esa persona. Pascala dijo que la lista de comprobación del estudio ofrece una manera más "formal" de lograrlo.

"Esto nos ofrece unas cifras basadas en la evidencia", comentó.

Sin embargo, Pascala enfatizó que las decisiones sobre si hacer una prueba o tratar una enfermedad no deben basarse solo en un número. Apuntó que los estimados de la longevidad deben usarse para facilitar las conversaciones entre los médicos y los pacientes.

Un médico que no participó en el estudio se mostró de acuerdo.

"Sin duda alguna hay una necesidad de herramientas mejores para comprender la esperanza de vida", planteó el Dr. Ethan Basch, oncólogo y director del programa de investigación de los resultados en el cáncer de la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill.

Pero ninguna calculadora de la esperanza de vida, ni ninguna directriz en particular, resulta suficiente, aclaró Basch. "Se trata de un ítem de información para ayudar a un paciente mayor a tomar una decisión informada y racional", aseguró.

Basch fue presidente del comité de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (American Society of Clinical Oncology) que desarrolló hace poco la directriz del grupo sobre las pruebas del APE para el cáncer de próstata. La sociedad sugiere que los médicos discutan las pruebas del APE con los hombres que tienen una esperanza de vida de más de diez años.

La prueba del APE es controversial porque el cáncer de próstata con frecuencia crece con lentitud, y nunca llegará a amenazar la vida de un hombre. Incluso si la prueba detecta un tumor de próstata, muchos hombres podrían tratarse de forma innecesaria.

Para un hombre que tiene una esperanza de vida de menos de diez años, la Sociedad Americana de Oncología Clínica afirma que los daños potenciales de las pruebas de APE superan a los beneficios. Para los hombres con una mayor esperanza de vida, el grupo dice que esas cosas no están tan claras, y conversar con el médico podría valer la pena.

 

 

O Pese a aumento de obesidad, en EEUU disminuye el consumo de calorías

Una encuesta de los CDC revela que los adultos de Estados Unidos consumen menos calorías desde hace una década, a pesar del crecimiento continuo de la obesidad.

"Es difícil unir lo que muestra el estudio con la tendencia de la prevalencia de la obesidad", dijo el doctor William Dietz, ex director de Nutrición, Actividad Física y Obesidad de los CDC.

Los resultados, publicados en American Journal of Clinical Nutrition, surgen de los resultados de las nueve ediciones de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANES, por su sigla en inglés) que los CDC realizaron entre 1971 y el 2010.

Varios miles de adultos de entre 20 y 74 años, seleccionados al azar cada dos o cuatro años, recordaron lo que habían comido en las 24 horas previas.

Dietz y un colega analizaron las tendencias desde los años 70 y halló que el consumo diario promedio de calorías creció unas 314 calorías entre 1971 y el 2003, y luego disminuyó 74 calorías entre el 2003 y el 2010.

"Esas son muchas calorías y, como lo dije, esperábamos un impacto mensurable en la obesidad", indicó Dietz.

Sin embargo, el 35 por ciento de las mujeres adultas estadounidenses son obesas y ese porcentaje se mantiene estable desde 1999. En los hombres, la obesidad creció del 27 al 35 por ciento en el mismo período.

Dietz esperaba que las tasas de obesidad se equilibraran entre los sexos para descender hasta la actualidad con la reducción del consumo calórico.

Hace un mes, los CDC difundieron resultados similares en los niños: desde 1999, los varones consumen 150 calorías menos y las mujeres, 80 calorías menos. La obesidad sigue creciendo en los niños y se mantiene estable en las niñas.

Para los especialistas, es posible que se necesite más tiempo para que las tasas de obesidad respondan a los cambios del consumo calórico. También puede ser que los estadounidenses hayan modificado sus hábitos alimentarios, pero no hagan suficiente actividad física para quemar las calorías que consumen. O que, simplemente, las encuestas se equivoquen.

"Si una persona consume 100 calorías menos, se estancará en 5 kg menos", pero sólo notará la mitad de ese resultado en el primer año, explicó la doctora Claire Wang, de la Escuela Mailman de Salud Pública de Columbia University, de esta ciudad. Aseguró que no habría una reducción inmediata de la obesidad en el nivel población.

Wang, que no participó del estudio, opinó que este cambio en el consumo de calorías podría atribuirse a una mayor conciencia del efecto de las bebidas dulces y el azúcar agregado, y que esas campañas de concientización, como la de la Casa Blanca para promover la alimentación saludable, están funcionando.

Pero, por ahora, "la gente debería adelgazar", dijo Dietz. Sostuvo que el hecho de que eso no esté sucediendo podría ser una mala noticia porque significaría que la población está quemando menos calorías con ejercicio, que tiene un papel importante en la reducción del riesgo de padecer enfermedades crónicas

 

P Pesar más de la cuenta durante la juventud puede provocar un agrandamiento cardiaco años más tarde

Un estudio realizado a largo plazo halló que cuanto más temprana sea la edad en que se gane peso, mayor será el incremento del tamaño del corazón, un factor de riesgo de enfermedad cardiaca

El exceso de peso corporal, sobre todo en la edad adulta temprana, puede provocar un agrandamiento peligroso del corazón años más tarde, halla un estudio reciente.

"Aunque ya hay muchas razones para ocuparse de la obesidad en la juventud, este estudio añade una más", afirmó una experta no relacionada con el estudio, la Dra. Eugenia Gianos, profesora asistente del departamento de medicina del Centro Médico Langone de la NYU en la ciudad de Nueva York. "Ocuparse de la obesidad a una edad temprana es muy importante para mejorar la salud cardiovascular y este estudio lo confirma".

En el estudio, investigadores británicos evaluaron el índice de masa corporal (una medida basada en el peso y la estatura) y la salud cardiaca de más de 1,600 hombres y mujeres en diferentes periodos de sus vidas.

Hallaron que las personas con sobrepeso a lo largo de toda su vida tenían muchas más probabilidades de padecer un aumento de la masa ventricular izquierda del corazón y del grosor relativo de la pared. Ambos son predictores fuertes e independientes de enfermedad cardiovascular y fallecimiento, afirmaron los investigadores.

No obstante, cuanto más temprana sea la edad en que tenga sobrepeso una persona, mayor será el agrandamiento del tamaño de su corazón en los años posteriores de su vida. Por ejemplo, el corazón de las personas que tuvieron sobrepeso en los años posteriores a los 20 años de edad tenía un peso un 7 por ciento mayor que el corazón de las personas que empezaron a tener sobrepeso a partir de los sesenta años de edad, según el estudio presentado el jueves en una reunión anual del Colegio Americano de Cardiología (American College of Cardiology, ACC) en San Francisco.

"Tener sobrepeso a los veintitantos años puede tener consecuencias negativas en el corazón a los 40 años de edad, sobre todo si se mantiene ese peso con el trascurrir de los años", comentó el investigador principal Arjun Ghosh, investigador clínico del Centro Internacional de Salud Circulatoria del Instituto Nacional Británico del Corazón y los Pulmones, en un comunicado de prensa el ACC.

"Probablemente no sea la actitud correcta pensar: 'sé que tengo sobrepeso ahora, pero perderé peso más adelante', porque cuanto más tiempo pase con sobrepeso, mayor será el peso del músculo cardiaco", explicó Ghosh. "Y sabemos a partir de otros estudios que aunque tengamos en cuenta la hipertensión, la diabetes u otros factores de riesgo de enfermedad cardiaca, una persona con un músculo cardiaco de mayor tamaño tiene más probabilidades de tener un ataque cardiaco, de morir o sufrir otro tipo de problemas, como el accidente cerebrovascular".

Los resultados del estudio se obtuvieron tras 44 años recogiendo datos y hay pocos estudios más, si es que hay alguno, que hayan podido examinar la conexión entre el peso corporal y el tamaño cardiaco durante un periodo de tiempo tan prolongado, añadió Ghosh, que también forma parte de la Unidad de Salud de por Vida y Envejecimiento del Consejo de Investigación Médica de Reino Unido.

La Dra. Suzanne Steinbaum es cardióloga preventiva en el Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York. Explicó que "las consecuencias de tener sobrepeso… no son simplemente un aumento de los factores de riesgo de la salud cardiaca, sino también un aumento de la cantidad de trabajo que ha de hacer el corazón, lo que resulta en una hipertrofia del músculo cardiaco. Con el paso del tiempo, esto puede resultar en una cardiomiopatía o en algo peor".

Puede que esto sea especialmente importante en la juventud, afirmó Ghosh.

"Nuestros hallazgos se suman a la gran cantidad de evidencias de que la obesidad y el sobrepeso a una edad joven no son buenas, y son una razón más por la que hemos de centrarnos en la prevención de la obesidad y en fomentar un estilo de vida saludable", afirmó Ghosh. "Tener sobrepeso es un factor de riesgo significativo de enfermedad cardiaca, y en todas partes del mundo parece que las personas empiezan a tener sobrepeso a una edad cada vez más joven".

Afirmó que un tercio de los niños de edad escolar en Norteamérica tienen sobrepeso, y que el número de niños con un exceso de peso al alcanzar la edad adulta va en aumento.

Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

 

 

O Las madres jovenes obesas pueden tener un riesgo mayor de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular

Un amplio estudio danés observó a mujeres jóvenes que dieron a luz recientemente.

Las mujeres jóvenes obesas que han dado a luz recientemente tienen un riesgo mayor de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular (ACV), según un estudio nuevo.

Los investigadores analizaron los datos de más de 273,000 mujeres en Dinamarca con un promedio de edad de 30 años y que habían dado a luz entre 2004 y 2009. Ninguna de las mujeres tenía antecedentes de ACV, enfermedad cardiaca ni problemas renales. Durante el periodo de seguimiento de seis años, 68 mujeres tuvieron un ataque cardiaco y 175 un ACV.

Las mujeres obesas tenían el doble de probabilidades que las que tenían un peso normal de sufrir un ataque cardiaco o un ACV entre los cuatro y cinco años después de dar a luz. Las mujeres obesas siguieron teniendo un riesgo mayor cuando los investigadores tuvieron en cuenta otras complicaciones relacionadas con el embarazo u otros factores de riesgo cardiovasculares, incluyendo el hábito de fumar.

Aunque las mujeres de esta edad rara vez sufren un ataque cardiaco o un ACV, existe un vínculo claro y fuerte entre tener sobrepeso y un riesgo más elevado, afirmaron los investigadores. Sin embargo, el estudio no probó que hubiera una relación de causa y efecto entre estos dos hechos.

También descubrieron que las mujeres con un peso inferior al normal sufrían un ligero aumento del riesgo de ataque cardiaco y ACV.

El estudio fue presentado el sábado en la reunión del Colegio Americano de Cardiología (American College of Cardiology), en San Francisco.

"Las mujeres jóvenes han de ser conscientes de los riesgos graves para su salud que hay asociados con la obesidad y unos hábitos de estilo de vida deficientes, y estos [efectos negativos] aparentemente se manifiestan a una edad temprana", comentó la investigadora principal, Michelle Schmiegelow, estudiante de Ph.D. en la Universidad de Copenhague, en un comunicado de prensa del Colegio Americano de Cardiología.

"Este estudio es importante porque aunque la incidencia de la enfermedad cardiaca esté disminuyendo en términos generales, esta tendencia a la baja no parece aplicarse en el caso de las mujeres de 35 a 44 años de edad", afirmó. "De hecho, la enfermedad arterial coronaria al parecer aumenta en este grupo, a pesar de que sigue siendo bastante rara".

Aunque este estudio se basó exclusivamente en las mujeres que habían dado a luz, Schmiegelow comentó que en su opinión los hallazgos son aplicables para todas las mujeres jóvenes y sanas.

Debido a que la investigación se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.